Gracias por tanto cariño, por cada palabra, abrazo y silencio compartido. Su presencia en este momento tan difícil fue una caricia de Dios sobre nuestro dolor, un bálsamo que nos sostuvo cuando el alma temblaba.
Nos queda la paz de haber sentido, a través de ustedes, el consuelo y la ternura del cielo.
Familia Salazar