En una noche de paciencia, carácter y convicción, Águilas Doradas encontró su recompensa cuando el reloj marcaba el minuto 90. En un contragolpe, Andrés Ricaurte rompió la resistencia de Boyacá Chicó y desató la celebración dorada en un partido cerrado, intenso y trabajado de principio a fin. El 1-0 no solo significó tres puntos, sino también una demostración de insistencia colectiva.
Desde el inicio, el equipo antioqueño asumió la iniciativa del compromiso, generando opciones claras para adelantarse en el marcador. Sin embargo, el arquero del conjunto local intervino en varias de ellas y el partido se mantenía igualado.
La visita, por su parte, se sintió cómoda en el trámite. Cada recuperación era una oportunidad para salir directo y sorprender, obligando a la zaga local a mantenerse atenta. Iván Arboleda respondió con seguridad cuando fue exigido, sosteniendo el arco en los momentos en los que el partido amenazaba con complicarse.
El complemento mantuvo el mismo libreto, pero con mayor intensidad. Águilas Doradas adelantó aún más sus líneas: los laterales se proyectaron constantemente y los volantes presionaron alto, provocando pérdidas cerca del área rival. El equipo generó aproximaciones, centros y remates, pero el gol parecía negarse.
A medida que avanzaban los minutos, la tensión crecía y el encuentro llegó a un punto en el que el empate sin goles era el principal protagonista. El entrenador Juan David Niño decidió refrescar el ataque en los minutos 67 y 70, con los ingresos de Jorge Obregón y Cristian Cañozales. Luego, al 83’, entraron Jaen Pineda y Andrés Ricaurte, quien terminaría siendo el héroe de la noche.
Minuto 90. Los cambios dieron resultado. En un contragolpe iniciado por Cañozales, quien aprovechó un tiro libre a favor del Chicó, el atacante recorrió varios metros con velocidad y sorprendió al rival. Tras la jugada, el balón quedó suelto en el área y Ricaurte, bien ubicado, lo empujó con su pierna izquierda al fondo de la red.
Tras la anotación, los últimos instantes transcurrieron entre la emoción y el control del balón por parte del conjunto dorado, que aseguró la victoria con inteligencia. El pitazo final confirmó lo que el desarrollo insinuaba: Águilas Doradas fue el equipo que más buscó y terminó encontrando su premio.
Una victoria sufrida, sí, pero también merecida. Porque insistió, porque creyó hasta el final y porque tuvo en Ricaurte al hombre decisivo cuando más lo necesitaba. Tres puntos que fortalecen el ánimo y reafirman una idea: este equipo no deja de pelear hasta el último segundo.